Miraba por la ventana, todo gris, un ruido de algo que parecía un pato, activo el color de mis ojos. No sabía que estaba haciendo, pero al mismo tiempo sentía el placer del dolor correr por mi piel, y algo húmedo correr por mis manos.
Esto que agobia mi pecho no me deja pensar, ni siquiera estudiar para mañana.
Y los cielos claman por una locura. Y mi cuerpo pide un pecado a cambio, que se de por piel, donde retuerzan las entrañas.
Hay cosas que no dije, que jamás diré. Pero agradezco que en arrebatos de mi boca no haya sido expulsado.
Feliz, únicamente por que ahora él podrá estar mejor, podrá hacer su vida sin una traba de por medio, sin quizá un leve remordimiento.
Y yo me quedaré aquí sentada, haciendo nada, solo tratando de no apretar tan fuerte un trozo de metal.
Me quedé casi sin voz.
Hace muchísimo que no decía esto, pero necesito un trago. Podría ir ahora por él.
He tomado la desición de irme mañana, no sé cuando vuelva o si lo haga.
La historia se repite tal cual estaba predestinada.
Hay cosas que no son necesario comprobarlas, por que ya las sé. ¿Nunca te conté realmente de mis sueños?.
¡Suerte!...


Que Tristeza
Se ve en lo que escribes...
Estaras bien!